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·       Domingo 14 de marzo a las 11:30

·       Auditorio Nacional de Música de Madrid – Sala Sinfónica 

·       Orquesta Metropolitana de Madrid – Coro Talía 

·       Directora titular: Silvia Sanz Torre

·       Programa: Pavana de Fauré, Capricho español de Rimski-Kórsakov, Carmen de Bizet (selección)

Nostalgia, dulzura, ensoñación, sensualidad, vitalidad, alegría… El concierto España en la música fue como un reconfortante paseo en una luminosa mañana de domingo, un recorrido por un paisaje poblado de colores, sensaciones, emociones y ambientes gracias a tres obras musicales inspiradas en nuestro país, Pavana de Fauré, Capricho español de Rimski-Kórsakov y una selección de las suites orquestales Nº 1 y Nº 2 de Carmen de Bizet, que Orquesta Metropolitana de Madrid y Coro Talía, dirigidos por su titular Silvia Sanz Torre, ofrecieron el domingo 14 de marzo en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música. 

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Desde las aristocráticas danzas cortesanas a los ritmos populares del norte de España pasando por melodías de inspiración andaluza o la sugerente recreación de la ciudad de Sevilla y sus gentes, todo visto, soñado, imaginado por compositores como los franceses Gabriel Fauré y Georges Bizet y el ruso Nikólai Rimski-Kórsakov, un concierto de música rusa y francesa con sabor español al que la batuta de Silvia Sanz Torre sacó todo el jugo. La evocadora Pavana de Fauré, el espectacular Capricho español de Rimski-Kórsakov y la seductora Carmen de Bizet hicieron las delicias del público que respondió a directora y músicos con un cálido y enorme abrazo, el del agradecimiento y el de los aplausos. En esta temporada la Orquesta Metropolitana de Madrid cumple 10 años de su creación por Silvia Sanz y conciertos como estos demuestran que es una formación en constante evolución que ha adquirido cuerpo, enriquecido su sonido y asentado su personalidad. También para el Coro Talía es un año importante. Cumple nada menos que 25 años, al igual que el Grupo Talía, y diez temporadas en el Auditorio junto a la Metropolitana.

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Una pavana

El concierto comenzó con la Pavana de Gabriel Fauré, música sutil, exquisita, dulce y elegante que evoca las danzas que se bailaban en la corte española del siglo XVI. Fauré dedicó la obra a la condesa Elisabeth Greffulhe, que fue su protectora, como lo fue también el primo de la aristócrata, el poeta simbolista Robert de Montesquiou-Fezensac, mecenas de escritores, músicos y pintores y autor de los versos que Fauré añadió a su Pavana para la versión coral, una reflexión sobre la ilusión efímera del amor, que las voces de Talía interpretaron con empaste y delicadeza. El coro se incorporaba a la orquesta en una melodía encadenada que pasaba sucesivamente de la orquesta al coro y viceversa y, dentro del coro, de unas voces a otras, como en aquellas danzas cortesanas en que los danzantes se daban la mano y a continuación se soltaban para cambiar una y otra vez de pareja. 

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Un capricho

Si la Pavana fue como el dulce despertar para un concierto matinal en un día de fiesta, el Capricho español fue como el desayuno energético que aporta vitalidad para el resto del día o como esa pequeña gimnasia que despierta el cuerpo y el alma. Y ¡qué casualidad!, Rimski inicia su obra justamente con una Alborada, baile festivo que celebra la llegada del nuevo día. Es una obra espectacular por su brillo, por sus colores, por su ritmo y por sus sorpresas musicales. El compositor la había concebido como una fantasía para violín y orquesta (de ahí los complicados pasajes para el concertino (José Gabriel Nunes), y luego decidió enriquecerla con un buen número de virtuosos solos para otros instrumentos: flauta (Sara Pérez), clarinete (Álvaro Huecas), arpa (Ana Mª Reyes), trompas y trompetas. Todos fueron resueltos con solvencia. Un importante papel desempeñó también la sección de percusión que con distintos instrumentos aportaba la base rítmica para los sucesivos solos y temas de la obra. El Capricho español es, a pesar de su nombre, música nacionalista rusa, aunque, eso sí, elaborada a partir de temas españoles. El propio autor dijo que su mayor acierto había sido el cambio de timbres y la elección de diseños melódicos adaptados a cada tipo de instrumento. Quiso que deslumbrara por su color orquestal y lo consiguió. “Los temas españoles -explicaba- me proporcionaron un precioso material para la realización de multiformes efectos orquestales”. 

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Una ensoñación

Al impulso vital del Capricho español siguió Carmen de Georges Bizet. De nuevo música francesa. Carmen fue como sentarse en un banco al sol mientras observas el entorno que te rodea y la diversidad de la gente que pasa, una especie de ensoñación que discurre por atmósferas diversas: sugerentes, cálidas, envolventes, y también apasionadas, festivas y vitales. Silvia Sanz Torre presentó una amplia selección de las suites orquestales Nº 1 y Nº 2 que Ernest Guiraud, amigo de Bizet, extrajo de la ópera unos años después de la muerte del músico. En ellas escuchamos una selección de los momentos más conocidos de la obra. Se interpretaron Preludio, AragonesaIntermezzo, SeguidillaLos Dragones de AlcaláMarcha de los contrabandistasHabanera, El cambio de guardia (La garde montante) y la seductora Danza bohemia del Acto II.  Escuchar las suites orquestales de Carmen es disfrutar de cada uno de sus números y no puede dejar uno de sorprenderse de su riqueza melódica. Silvia Sanz consiguió de La Metropolitana la creación de las distintas atmósferas que presentan ambas suites, plagadas de solos instrumentales dulces, sutiles y seductores en unas ocasiones y brillantes en otras, como la magnífica introducción de la trompeta a La garde montante que nos brindó Marcos Quesada, que llenó con elegancia, limpieza y rotundidad todo el espacio de la Sala Sinfónica del Auditorio, y las intervenciones del resto de solistas, entre ellos, Miguel Olivares (trompa), Leticia Hernández (violonchelo), Nekane Domínguez (oboe) o Luis Alberto Ventura (fagot). Quién diría que la maravillosa música de Carmen, algunas de cuyas melodías tararean personas que nunca han ido a un concierto o a la ópera, pertenecen a una obra que fracasó en sus comienzos y que su creador, Georges Bizet, murió (dicen que por culpa de los disgustos que le causó) antes de conocer un éxito que hoy perdura. 

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Claveles rojos, pañuelos blancos

La selección de Carmen se cerró con la intervención del Coro Talía en la popular “Marcha de los toreadores” (“Les voici! Voici la quadrille”), del Acto IV de la ópera, un coro espectacular, brillante y no exento de dificultad por su ritmo frenético, en el que las voces de Talía se entregaron a fondo a pesar de la importante reducción de voces que imponen las medidas preventivas por el COVID-19. El alegre coro, que precede al trágico final de la ópera y da la bienvenida a la cuadrilla de Escamillo en su llegada a la plaza, puso brillante punto final al concierto. En los últimos compases, los miembros del coro saludaron al público agitando pañuelos blancos y claveles rojos en alusión al propio texto de la pieza (Vuelan al aire gorras y sombreros… Saludemos a su paso). Fue la mejor manera de terminar. No del todo porque hubo bis. Metropolitana y Coro Talía agradecieron los aplausos del público con otro famoso coro de ópera, el Coro de gitanos (“Vedi le fosche notturne”) de Il Trovatore de Verdi, cuyo argumento también discurre en España.

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¡Volvamos a los conciertos!

Fue un concierto disfrutado por el público y por los intérpretes, no solo por el programa sino también por la necesidad de que la música nos traiga un poco de sosiego y alegría en tiempos tan convulsos. La COVID-19 ha dado la vuelta a nuestras vidas en todos los aspectos y ha afectado muy seriamente al sector de la música clásica. Silvia Sanz Torre, al frente del Grupo Talía, ha decidido continuar y afrontar, “contra viento y pandemia” todos los inconvenientes que suponen las restricciones de intérpretes y separaciones que obligan a una orquesta más reducida y a que solo una tercera parte del Coro Talía pueda salir al escenario, inconvenientes a los que se suman las restricciones de aforo, la incertidumbre y los miedos que han alejado a tanto público de las salas de conciertos a pesar de las medidas de seguridad que se han tomado en el Auditorio Nacional para poder disfrutar de la música sin riesgos. 

¡Volvamos a disfrutar de la música en vivo!

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